Antes de nada, quiero daros las gracias a todos los que habéis participado hasta ahora en esta nueva iniciativa. Mi corazón no puede y no deja de crear historias para sorprenderos, pero sois vosotros los que no dejáis de entusiasmar a mi alma con vuestro cariño y apoyo. Espero, que con este primer capítulo, os siga haciendo disfrutar de la que pretendo que sea, vuestra historia, y no la mía.
Que se abran los caminos….
¿UNO?
Para Juanma, todo tenía un porqué. Una explicación necesaria.
En el fondo, él sabía quién generaba todas esas suspicacias, el miedo. Miedo a
todo, sobre todo a perder. Era competitivo a más no poder. Desde pequeño,
siempre se tomó la vida como algo más que un juego. Tal era su furia y
concentración en una contienda, que sus padres en una ocasión, con tan solo
cuatro años, tuvieron que llevarle a urgencias por la “mala ingesta” de unos
frutos secos tras querer ganar a su hermano Carlos de 8 años, durante sus
juegos infantiles en el parque del barrio en el que residían.
Con su ex, era igual. Miles de veces, en todas aquellas
discusiones tenidas a lo largo de sus años de novios, ella le recriminaba el
hecho de imponer sus ideas por encima del raciocinio, simplemente por el hecho
de vencer en una discusión. Eso conllevaba al egoísmo, y aunque él odiaba esa
parte del ser humano, no lo podía evitar.
Los paraguas, otros de sus archienemigos desde la época
juvenil en el que le cayó más de una colleja de su madre por dejárselos en las clases
del colegio, eran inevitables, como el propio Thanos. En aquellos momentos,
daría su brazo izquierdo por uno. La puta libreta de los Lannister se estaba
jodiendo.
A pesar del aspecto árido percibido en la última secuencia
del film de Sergio Leone, la vegetación que rondaba a Sad Hill, antes de poner
un pie allí, era dificultosa. Más si cabe, con la tromba de agua desatada en
tan sólo un par de kilómetros sobre el bueno de nuestro personaje.
Todos somos buenos hasta que se demuestra lo contrario, sin
embargo, en este caso, Juanma era un valor seguro al que apostar. Sé que os
medio prometí no enrollarme mucho con la historia personal de este tipo, pero a
veces, es necesario hacer una pequeña introducción hacia los entresijos más
oscuros de un alma atormentada desde su más tierna infancia.
En ella, este aficionado al senderismo y al rock, fue mal
diagnosticado con un leve grado de autismo. Juanma, simple y llanamente era muy
suyo, y una de las personas más sensibles del mundo. Veía más allá de lo que
podría hacer cualquier ser humano. No, no me estoy refiriendo al don de ver
espíritus y cosas de esas. A pesar de su ansia (conocida por toda su gente), de
ver en alguna ocasión un aparición, su poder era otro, más particular y
doloroso. Sabía al momento de conocer a alguien, si esa persona era buena o no.
Por pura ironía de la vida, el amor anuló su habilidad y
cuando conoció a Verónica, su mundo se vino abajo. Dejó de lado a todos y su
vida consistió en respirar cada uno de sus gestos. Ahora, los únicos que tenía
grabados a fuego en el corazón, abrasándolo poco a poco, eran los gemidos de
esa zorra cuando detrás de la puerta de su dormitorio los escuchó mientras se
retorcía de placer con otro. Uno de tantos. Sin embargo, esta fue la primera
vez que la pilló en plena acción Siempre había imaginado esa escena en su
juventud, y cuál sería su reacción. El dolor producido hacía solo dos semanas,
fue tan fuerte, que se dio media vuelta y se fue, eso sí, dando un portazo tan
grande que temblaron hasta los cimientos del edificio de la casa en el que aun
vivían de alquiler.
Bajo la lluvia, con un cielo a medio abrir, de esas tormentas
apoderadas por los gitanos, cuando el sol insiste en no irse, Juanma notaba las
gotas de lluvia como pequeños puñales sobre su rostro y su piel, a pesar de ir
al menos con un chubasquero turquesa de Decathlon y toda la ropa necesaria para
una buena adaptación al clima y el deporte a realizar.
Te di
toda lo que era, Verónica. Perdí amistades, me enfrenté a mi familia por ti. Me
dejé el alma en complacerte. Me negué a mí mismo la verdadera naturaleza de tu podrida
alma y encima tuviste los bemoles de dejarme tú. Tú que hundiste el poco
orgullo que me quedaba por el fango de mis sentimientos.
En ese momento, sin poder evitarlo, rememoró sus increíbles encuentros
sexuales y la manera tan desaforada de involucrase en ellos hasta perder el
sentido. Creyó firmemente en que su amor cambiaría a Verónica, se equivocó. De
fondo, entre la tormenta y sus palabras, los cascos del móvil le traían los
primeros acordes de la famosa canción de Metallica “Nothing else matters”.
Temblaba, y la mezcla de recuerdos y lágrimas, eran los ingredientes esenciales
para que su corazón sintiera un pinchazo, tan fuerte como hondo en cada poro de
su piel.
Miró al frente, y a lo lejos, entre la arboleda verdosa que
aún le tapaba parte del camino, pudo atisbar la explanada gigante de cruces,
presidida por ese círculo empedrado, que según leyó en un artículo, alcanzaba
los 30 metros de diámetro. Le temblaban las piernas, no podía evitarlo, no era
por miedo, ni por frío. La causante de todo era Verónica y esa maldita promesa
que se hicieron allá por el 98 de visitar ese lugar cuando ya fueran marido y
mujer.
Puede sonar un poco macabro, pero era una forma romántica, al
más puro estilo Poe. Crear la unión del amor y la muerte de forma poética,
precisamente como una pareja que no puede vivir la una sin la otra. Pensaron en
crear dos tumbas con sus nombres, como un simbolismo de su amor eterno.
Duradero hasta y después de la sepultura.
¿Os podéis imaginar lo que supuso para este hombre encontrar
su tumba ya lista? No, no podéis, porque aquella no fue la única sorpresa. ¿O
es que acaso os imaginabais que esto iba a ser tan sencillo? Jamás os fieis de
un escritor. Creo que es mejor oírlo de sus labios…
¡Putas
aplicaciones de mierda! Son igual de efectivas que los hombres y mujeres del
tiempo del telediario. No dan una. Menos mal que siempre he sido un tío
precavido. La ropa de repuesto que llevo en la mochila, me va a salvar de un
constipado, seguro…¿Qué… cojones…?
Perdón por la interrupción, Juanma había llegado por fin a la
entrada de ese increíble cementerio circular. A unos pocos metros, sobre el
famoso árbol pelado donde a sus pies residía aun la tumba de Arch Stanton, con
fecha del 3 de febrero de 1862, colgaba la soga en la que tantos visitantes se
habían hecho la foto de rigor, pero esta vez no había ningún particular friki
posando, en ella, balanceándose como el péndulo de un reloj antiguo, colgaba un
brazo humano. Y aún le quedaba ver “su agujero”….
¡Me
cago en mi puta existencia! ¡Dios! ¿Qué hago? Será posible. He visto miles de
películas y en estas situaciones siempre decía que yo saldría pitando, pero hay
algo que me atrae. ¡Puta curiosidad y puto gato que la inventó con su muerte!
Que sea lo que Dios quiera…
Me tiemblan hasta las orejas. Menos mal que la lluvia empieza a amainar. ¿Es? Sí, parece ser el brazo de una mujer. Delgado, uñas largas, sin vello, dedos cortos y…
Cuando Juanma estuvo delante de la tumba y pudo apreciar más
de cerca el brazo cercenado, vio algo que le heló la sangre. Un lunar, en el
codo, entre varias líneas resecas de sangre. ¿Cuántas personas podrían tener el
mismo lunar en forma de corazón, en el mismo lugar que Verónica?