Reseña de «La desaparición de Stephanie Mailer» de Joël Dicker

Lo siento, sé que a algunos de vosotros no os ha convencido esta novela, pero para mí, Joël Dicker ha vuelto a burlarse de mí. Sí, eso que yo intento con vosotros cuando cometéis la locura de leer mis historias.

Este Suizo, de porte altanero y sonrisa encantadora, no es solo una cara guapa, es un escritor a tener en cuenta desde hace mucho tiempo. Hace poco vi la serie basada en su exitosa novela «La verdad sobre el caso Harry Quebert» y he de confesaros que la disfruté tanto como la novela, que para mí, está en mi Top Ten sin duda alguna de las historias de este género.

A veces los escritores quieren ser demasiado enrevesados y tratan por todos los medios de que los lectores no les pillen hasta casi el final del libro; unos la cagan estrepitosamente, Dicker nada en estas aguas como si fuera el mismo Neptuno, así de claro.

En esta, si no me equivoco, su cuarta novela, ha utilizado un recurso muy típico y es aquel que nos presenta una cantidad de personajes por separados y con sus propias historias personales, pero que terminan uniéndose bajo una trama muy elaborada y llena de todos los condimentos necesarios, para que no se te olvide: ningún nombre, localización y sobre todo, la historia de cada uno de ellos.

Vamos con una pequeña y particular sipnosis, ya me conocéis. Viajamos sin descanso de 1994 a 2014 y viceversa. Todo ello, alrededor de un cuádruple asesinato del pasado en un pequeño pueblo de Estados Unidos y que dos policías creyeron resolver. Jesse y Derek; el primero, apunto de jubilarse, se cruzan con una joven y ambiciosa periodista Stephanie Mailer, que les confiesa haber descubierto al verdadero asesino de ese caso del pasado y por el cuál, quiere escribir una novela. Cuando van a reunirse con ella, esta desaparece y eso, por desgracia, les confirma que pudieron equivocarse al acusar a otra persona de la muerte del Alcalde del pueblo, su mujer, su hija y una mujer que casualmente pasaba por la casa de la familia haciendo deporte. Personaje con el que empieza la novela.

A partir de aquí, Dicker despliega su magia y nos mete en el mundo de un sin fin de personajes, todos muy marcados, bien definidos e imposibles de olvidar y con un nexo de unión entre todos ellos y que a mí , en especial, me ha encantado: Casi todos ellos, quieren, sueñan o aspiran a ser escritores. Yo personalmente, me quedo con uno de ellos, con el loco de Harvey…ya me entenderéis.

Puede ser, si habéis seguido la carrera de este autor, que os parezca un poco repetitivo el hecho de basar sus historias alrededor de un escritor o la literatura en sí. Eso ya es cuestión de gustos. Creo que es un tópico muy típico entre los que escribimos, pero lo veo algo muy necesario y un recurso muy valioso si se trata con originalidad y valentía. Para mí Dicker es un alma arriesgada…soy PRODICKER.

En fin, las historias de este escritor jamás pasarán desapercibidas para mí y prometo que algún día le pillaré y cazaré a su asesino, como vosotros intentáis funestamente hacer con los míos (ahora pegaría un icono con la lengua fuera).

No dejéis pasar la ocasión de leer este tocho de 647 páginas. Lo vais a disfrutar mucho. Yo se la conté por encima a mi hija y le encantó tanto la historia, que se ha llevado uno de sus libros para leerlos, en concreto el de Harry Quebert.

Gracias Joël Dicker por hacerme disfrutar leyéndote.

Mi valoración es de 9 sobre 10.

Óscar Lamela Méndez.

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