Exposición de Auschwitz en Madrid

Hace casi un mes de aquello. He imaginado mil maneras de empezar este escrito y sinceramente, nada de lo que me venía a la cabeza me valía, ni siquiera esto. El mero hecho de pensar en ello, me transportaba a la primera sensación que recorrió mi cuerpo y el cómo mi corazón se arrugó imitando a una pasa, con solo contemplar el objeto que nos recibía a la entrada, la réplica de uno de aquellos vagones. Llamadlo sugestión, sensibilidad o de la manera que creáis conveniente, pero mi «puta» imaginación rememoró los posibles gritos, llantos, miedos y desesperación de unas seres humanos que no sabían a dónde iban. Apilados como simple mercancía.

Por desgracia, el holocausto Nazi es y será, una de las mayores «atracciones» para el hombre y la mujer de este, y futuros siglos. Auschwitz es el claro ejemplo de aquella barbarie y de como somos capaces de lo mejor y de lo peor. Esta exposición va camino del año en Madrid y a pesar de haber escrito sobre los Nazis en mi primera novela, atraído por todo lo que genera la maldad humana, simplemente para intentar comprenderla, mi subconsciente trataba de hacerme olvidar este evento.

Aprovechando la visita de mis suegros, decidimos visitarla y, el que yo creía que era, un gran concepto o conocimiento del peor capítulo escrito por el ser humano, me hizo ver que nunca comprenderemos la magnitud de lo sucedido hace casi ochenta años. Mil historias desgarradoras, a cuál más impactante o sórdida; entre textos, vídeos e imágenes de los prisioneros y testigos de aquella locura, sientes que tu propio cerebro crea una coraza donde refugiar tu inocencia y hacerte creer que aquello no pasó. Sin embargo, tras ver esta imagen, una simple hoja escrita, el alma se te cae a los pies y tu cabeza empieza a dar vueltas como en una noria a doscientos kilómetros por hora. Una hoja, escrita a máquina, donde se calculó a groso modo los judíos residentes en la vieja Europa y que debían ser eliminados de la faz de la tierra…..espeluznante.

Como bien rezaba en la entrada: «NO HACE MUCHO. NO MUY LEJOS». Pasarán mil años y esto no se olvidará jamás, que así sea, pues quizá el ejemplo sirva de algo a más de un líder mundial para pensar mejor las cosas antes de actuar con la puta hombría Freudiana por bandera.

El lugar elegido para la exposición es sin duda el más acertado. Han sabido captar la esencia principal de una memoria histórica pétrea, con el halo justo y comedido del respeto por las víctimas y sus familiares, trasladando al visitante toda esa emoción contenida, en la que más de uno no podía evitar que sus lágrimas brotaran con los testimonios e imágenes mostradas. Una imagen, vale más que mil palabras:

  

Pero las palabras arañan el corazón de una forma distinta. Profundizan sin remedio en el alma, destrozando a su paso todos los escudos que protegen a nuestro «niño interior». Cada palabra de las siguientes imágenes me hicieron temblar, no por mí, sino por el imaginar lo que hubiera sido de mi familia si, desgraciadamente, hubiéramos vivido esa época.

Estar con mis hijas en aquel lugar, tampoco ayudó mucho. Naya corría sin cesar por todas las estancias, bañada por su inocencia y ajena a todo la historia trágica que le rodeaba, sin embargo Nerea estaba sumida en ese silencio que a todos nos embargada y sus ojos mostraban el asombrado y el desconsuelo por todas esas familias demacradas. Para colmo, dentro de mi afán por inculcarle los valores de la historia, me dejé llevar por lo poco que sabía, sobre todo de aquel monstruo llamado Joseph Mengele: El ángel de la muerte. Ver aquella canilla metálica durante la exposición, paralizó mis cuerdas vocales por un instante y el objetivo de mi cámara temblaba conmigo.

Por desgracia, no solo existió aquel laboratorio de experimentación humana como ya sabéis, las siguientes fotos, recogen las marcas de balas que traspasaron infinidad de sueños sobre un muero de acero, máquinas y salas que asfixiaron a almas desnudas, desnutridas y muertas de miedo. Formas impensables e inimaginables hoy en día de acabar con una persona, como simple ganado infectado. ¿Cómo se puede mirar a los ojos a alguien que vas a quitarle la vida y poder dormir, comer y jugar con tus hijos como si nada la día siguiente? Dios, se me eriza hasta las pestañas solo de imaginarlo.

Podría llevarme horas intentando describir cada una de las imágenes recogidas por el extasiado objetivo de mi cámara, y nunca estaría a la altura de las circunstancias. Miles de veces, en infinidad de películas, hemos visto los barracones, las literas, los ropajes, las maletas de esa pobre gente que no sabía que viajaba a visitar a la parca. Muchas veces hemos sentido lo que es llorar por dentro, el sentimiento de empatía en el que te envuelve esta exposición, es solo comparable al fallecimiento de un ser querido, pues te sientes parte de esas familias.

A continuación, y para todos aquellos que no puedan tener la oportunidad de pasarse por el centro de exposiciones de Arte del Canal, os adjunto estos escritos recogidos en tablillas, durante la visita. Algunos hielan la sangre y te hacen apreciar el horror y la desolación de un mundo en guerra.

      

Si decides ir, has caso de las recomendaciones de la página de información y prepárate para sobrecogerte como mínimo durante dos horas con la ocupación Alemana sobre media Europa y en concreto, la masacre de Auschwitz.

Como dato adicional, deciros que podéis hacer fotos, sin flash y sin problema alguno, la iluminación es perfecta para ello. Si sois muy sensibles, os aseguro que lo pasaréis mal. Estos eventos no se disfrutan, pero si te llenan el alma de humanidad y te hacen una cura especial por dentro. Te ayudan a conectar con todo esto que estamos olvidando con las nuevas tecnologías y las redes sociales, que el contacto piel con piel no tiene paragón y los sentimientos es el amor es lo único que debe inundar el mundo de una guerra infinita…..la guerra de la paz.

Mi valoración personal es de un 10 sobre 10.

Óscar Lamela Méndez.

 

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