«Una nueva historia» Capítulo 5

Cuando tomas una decisión, debes estar seguro completamente. Apechugar con las consecuencias y por supuesto, no mirar atrás. Si lo piensas bien, ellas son las que rigen nuestras vidas…¿Hasta dónde serías capaz de llegar por amor?

¿Cinco?

¿Te has sentido alguna vez observado? ¿Parte de un proyecto secreto en el que eres una mera ficha de ajedrez? La manipulación puede ser uno de los instrumentos más instructivos para contaminar un alma pura. Aunque en realidad, desde pequeños, somos unos putos torturadores mentales. Pensarlo bien, con un simple llanto y la excusa de que “el pobre aún no sabe hablar y pide las cosas así”, ya tenemos a unos abuelos convertidos en zombis a nuestros pies. ¿Y si os digo que Juanma es algo más que la punta del iceberg de esta historia? A veces, una lección, puede tener cierto efecto boomerang.

Supongo que a estas alturas, las teorías habrán pululado por vuestra mente sin parar. Espero sorprenderos.

La sequedad de mis labios es una burda imitación de la desolación que habita en mis latidos. Cada uno de ellos se clava en mí, una y otra vez, recordándome lo que hice. Dudé de ella, del amor de mi vida. La persona que luchó contra viento y marea por defenderme ante los suyos, los míos y yo mismo. Esta ha sido sin duda mi “victoria” más amarga, la sentencia necesaria, el empuje justo para terminar lo que vine a hacer aquí hace unas horas.

Quizás, todo lo que he visto en esta extensión verde de muerte ficticia, sea eso, solo una fábula terrorífica de mi propio subconsciente que me ha torturado hasta estos instantes en los que, finalmente, me he dado cuenta de lo equivocado que estaba. De lo amado que fui y lo poco que di.

Llorando, con el rostro macilento y sin apenas un atisbo de tristeza en él, Juanma escribía estas palabras en su diario. No era una terapia, era la suma de sus miedos intentando ser restados por la valentía y el valor suficiente para quitarse la vida. Era su castigo. Su verdugo y su propio juez. Ya no quería nada de nada, ni de nadie.

Antes de levantarse del suelo, echó una última ojeada a las tumbas que le rodeaban. La ironía se posó sobre sus hombros al sentirse arropado y rodeado por su familia antes del fatídico final. Lo había planeado de mil formas, todas indoloras. Sin embargo, después de los últimos acontecimientos, creía que debía sufrir, del mismo modo que su preciosa Verónica al ver que su amado la había repudiado a las primeras de cambio y sus malditos celos y desconfianza, la trataran como una cualquiera. Solo quería dejarse llevar y que el viento que soplaba tenue desde las llanuras, restregara su último suspiro como aquella prenda o utensilio que estuviste apunto de olvidar al salir de casa rumbo a tus vacaciones.

No puedo más que sonreír al recordar la escena. Tú y yo, en tu habitación, aprovechando que tus padres habían ido a Burgos y después de ver un cargamento de películas ñoñas que tanto te gustaban. Me miraste y me pediste que uniéramos nuestra sangre en un pequeño tarrito de cristal. Sabías lo que odiaba y lo furioso que me ponía el hacerme involuntariamente cualquier corte en las manos, pero tu sonrisa y esa mueca suplicante ayudada por tus labios, desarticulaba siempre mis defensas. Accedí, y ambos, como dos adolescentes de los años 80, nos hicimos un pequeño corte en la yema de los dedos corazón de las manos izquierdas. La sangre fluyó, imitando paradójicamente el mismo fulgor de nuestros juegos sexuales y llenamos aquel recipiente embelesados por la ilusión…Curioso, cómico, patético es el hecho de encontrarme en este paraje y haber decidido el cortarme las venas en una expresión personal de valentía y con cierto mensaje romántico para ti cuando encontraran mi cuerpo…si es que aquel brazo que aún a lo lejos veo balancearse, no es tuyo y sin embargo, ahora no tener el valor de hacerlo.

¿Será por eso que una parte de mí me susurró tu nombre antes de salir de casa? Adelfas, una serie de plantas comunes del género Nerium. Sí, esas flores rosadas y moradas que vemos tan a menudo en los jardines. Hace poco, buscando una alternativa a desangrarme vivo, busqué un veneno natural e inocuo por si no tenía los arrestos suficientes de apretar el cuchillo sobre mi piel. Fácil de fabricar y di con él por casualidad en un artículo de las miles de revistas que tiene mi madre sobre su afición botánica. Resulta que, lo que hace que la adelfa sea tóxica son dos potentes glucósidos, la oleandrina y la neriina, ambos en la planta. El inconveniente de todo esto es que los síntomas son bastante duros y lo voy a pasar un poquito mal. Vamos, que ante de llegar a un paro cardiaco, voy a tener náuseas, vómitos y diarreas sanguinolentas como si tuviera la peste, pero sin esas horribles ampollas.

Te quiero Verónica. Sé que he sido un cobarde toda mi vida. He rehuido confrontaciones familiares y no he dado la cara por ti en momentos concretos. En el trabajo he sido ninguneado por todos, un pobre Peter Parker sin poderes, pero te tenía a ti. Mis defectos los hacías tuyos. Con solo tocarme, olvidaba mis pesares y te convertías cada noche en la orilla eterna que esperaba a esta marejada de sentimientos e inseguridades que tanto te amaba y te ama. Ahora, más que nunca, debería estar cubierto de otra pasta. Dejar de lloriquear y dar con tu asesino, saber quién ha sido capaz de esa tremenda atrocidad. Nada tiene sentido, pues si como dices en la carta, la mujer que yacía en nuestro dormitorio con otro hombre era tu hermana, no existe la posibilidad de un amante despechado y loco que en un arrebato descontrolado acabara, accidentalmente o no con tu vida. Es más, ¿Descuartizarte y traerte  justamente aquí? Hoy, hoy que he tomado la decisión de venir hasta aquí y acabar con todo…

Durante unos breves instantes, Juanma se queda en la inopia, como un Sherlock Holmes. Sumido en sus pensamientos e intentando darle sentido a todo lo que estaba pasando a su alrededor desde que pisó ese maldito cementerio de pega. Como al final de una novel mala, en la que el escritor no sabe como cerrar la trama, el senderista encuentra la verdad. O al menos, eso cree él.

Solo mis padres sabían que me iba de senderismo. Espera, no puede ser. ¿Es posible? Dios mío, no. ¡¡Mierdaaaaa!! Mi madre siempre ha tenido debilidad por ti. Te defendía a capa y espada en todos nuestros conflictos; incluso, después de lo ocurrido, ella se negaba a admitir que tú hubieras sido capaz de engañarme con otro. La otra cifra de la ecuación es mi padre, a ese maldito loco le encantan las bromas y el cine. Desde que se jubiló, se ha recorrido media España presentándose como extra a culaquier película o serie…¿Y si todo esto lo has preparado tú, compinchada con ellos para darme una lección? No, no, no puede ser, joder.

¡¡Ah….coño!! ¡¡No, no puede ser!! ¿Por qué cojones me tuve que tomar el veneno antes de venir? Los síntomas están empezando a hacer efecto. Todo esto me pasa por ser un mierda, un cobarde y un desconfiado. Tengo que saber si ese brazo es de verdad…

En ese instante, entre sollozos y unos ruidos desgarradores de dolor, Juama intenta ponerse de pie a duras penas, un pequeño mareo se hace con el control de su estabilidad y casi se cae a la tumba de nuevo. Se pone la mano en el estómago, el típico gesto funesto que hacemos todos para aliviar el dolor. Las tripas están en pleno programa de centrifugado, se retuerce de dolor. Entre el sudor que empieza a emanar de su frente como una presa de agua rota, fija su mirada en el vaivén ínfimo que aún le proporciona el aire al trozo de carne colgado del árbol. Un pensamiento cruza por su mente: ¿Es asqueroso el pensar que ojalá ese brazo sea de Verónica y mi muerte no sea en vano, ni tan patéticamente shakesperiana?

  1 Comentario

  1. Mónica Covacho   •  

    Veneno de Adelfa con lo que me gustan, aunque sean tan comunes, quien lo diría,

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