Más que mi amigo…

Valiente contador de historias, que no puede ni empezar a escribirte. El dolor es tan hondo, tan lleno de recuerdos, que parece un baúl sin fondo y en esa inmensa oscuridad de recuerdos aparecen tus locuras, tus pocos y graves ladridos, tus lametones cuando te tendía la mano, tu acoso por ser acariciado, sin olvidar esos ronquidos a los que me acostumbre como parte de mi vida. Si no los oía, sentía el miedo en mi interior.

No es un tópico, es así. No se conoce la verdadera amistad y el amor más puro, sin condiciones, hasta que se tiene como compañero a un animal. Blacky, no puedes ni imaginarte lo que has significado en mi vida. Te hablo en presente porque todavía no puedo despedirme de ti. Tú me hiciste mejor persona, me enseñaste que nunca iba a estar solo y estuviste a mi lado en mis peores momentos en ese cuartucho donde compartimos tantos cosas. Metido entre mis piernas cuando escribía para darme tu calor y apoyo, tirado en el suelo a mi lado cuando me ponía a hacer ejercicios, bajo mis pies en la cocina, esperando mi torpeza y que se me cayera algo mientras hacía la comida. Mil millones de recuerdos.

Lo peor de todo esto para mí, es que es la segunda vez que me despido de ti y esta, esta es para siempre. La que más duele junto con las lágrimas de nuestra niña, sí, tu Nerea. La niña que quiso un perro y su padre se negaba, pero al final, cuando vio su reacción, se olvidó de todo. La hicimos feliz, y tú más que nadie, mi querido amigo. Eras su peluche, su compañero de juegos y la sombra donde cobijarse cuando sus padres no estaban bien.

Parece que fue ayer cuando te operaron y sentía el miedo atroz a perderte, ese que ahora se ha apoderado de mí y este duelo no me deja olvidar. Ni quiero hacerlo. Grabaré tu huella en mi piel. La conservo desde hace años y no pienso irme de aquí sin ella.

Perdóname, si es que algún día pudiste, por culpa de mis berrinches, mis regañinas y demás cuando no te portabas bien. Aun me duele el alma desde aquel día, cuando te vi partir con otra familia y tus ojos me preguntaban el por qué. Porque te quiero, Blacky, lo hice por ti, a pesar de mi inmenso dolor, ese que me acompañará toda la vida.

No te abandoné y a día de hoy, a pesar de todo, sé que no lo hice, pues tuviste la suerte de tener dos familias y vivir tus últimos años llenos de felicidad. Junto a tu hermanita Tina y tus papis Vicens y Dolors. Las personas más buenas que pude encontrar para ti, para darte más amor del que ya recibías. Dos almas a las que les debo la mía, por cuidarte, quererte y hacer de ti el perro más feliz del mundo. Sois mi familia, siempre lo seréis. El vínculo con nuestro cabezón es y será eterno.

A la gente le parecerá curioso, a ti no. Pues lo escribí contigo bajo mis pies, los dos solos y tú como inspiración de mi dolor. Mi primer relato «Solo», fue por ti y por mí y aunque a alguno le parezca una tontería, es la unión más fuerte que he tenido contigo. A cualquiera que ame los animales, como yo, ese relato le dejará huella, porque lo escribí con todo mi corazón y mi amor por ti.

Me llevaría horas escribiéndote, por miedo a tener que despedirme. No lo haré y utilizaré como mía esa frase que dice que nadie muere si los demás no lo olvidan. Tú, mi alebrije, espero que estés a otro lado del puente de flores cuando nos volvamos a ver y juguemos a dar saltos y correr sin mesura, como hace años.

Cuando me llamaron, lo supe al instante y lo más curioso de todo es que después de la fatídica noticia, de camino a un centro comercial, no paraba de ver Bulldogs en todas las tiendas. Camisetas, altavoces, pegatinas y para colmo, cuando llegué a casa, me quité la camisa y por la parte interior del cuello, descubrí que había el dibujo de un animal de tu raza. Ni me acordaba de ese detalle. ¿Casualidad? No lo creo, pues aquello, inexplicablemente me hizo sentir que estuve a tu lado en tus últimos momentos. Quizás sea una tontería, pero mi alma así lo siente.

Nunca dejaré de quererte, hoy, mañana y siempre. Gracias por ser mi amigo fiel y darme todo lo que nadie podrá darme nunca: la amistad más pura y sincera, sin condiciones.

Te quiero, Blacky.

Óscar Lamela Méndez

  1 Comentario

  1. Anónimo   •  

    Joder. Es precioso, Óscar. Que maravilla de homenaje. Gracias por dejarnos formar parte de esa sensación que te invade.

    Ya sabes donde estoy. Y no. No lo digo con la boca pequeña. Como ves, este comentario sale como «anónimo», pero te aseguro que esto se debe a que estas lineas mias, en realidad las firmamos todos los que te queremos.

    Un abrazo, amigo!!!

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