Existe y siempre existirá. Viaje al principio.

En alguna que otra ocasión y sobre todo últimamente a través de Facebook live, os he hablado de la sensación tan inexplicable que siente un contador de historias como yo cuando visita lugares en los que anteriormente ha estado a través de unas frases escritas con la imaginación. El pasado fin de semana estuve donde arranca mi última novela y a pesar de ser mi segunda visita a Teruel, la magia ha seguido en el ambiente. Recorrer cada rincón de aquella pequeña ciudad, me ha hecho sentirme de nuevo dentro de «Los pasos del fin» y eso es algo que creo que nunca podré explicar con las palabras idóneas.

Una experiencia diferente y directamente enfocada a recopilar material en imágenes y vídeos para una bonita sorpresa, que si todo marcha bien, podréis ver en breve. Muchos me han preguntado a lo largo de estos casi tres meses que hace que salió la novela, el por qué de Teruel y que extraña conexión hallé entre este lugar y mi «Tacita de plata». Esta cuidad aragonesa siempre me atrajo  por su fama de inexistencia y sus amantes, hoy en día hay otros detalles que hay que incrementar a esas fascinación. Por ejemplo su gastronomía, exquisita y de una calidad encomiable. Su ternasco y restos de carnes, el jamón y su queso, su vino y sobre todo el trato de su gente es solo una parte más que adereza esta ciudad con ese encanto que siempre supo vender con maestría uno de sus hijos predilectos y del que me considero un humilde seguidor y fan como es Javier Sierra.

      

¿Es posible revivir una y otra vez las escenas de tu novela durante tres días? Sí, lo es. Todo aquel que se ha leído ya «Los pasos del fin» puede dar buena cuenta de ello en estas imágenes:

        

Lugares como el Parque de los Fueros dónde arranca la historia, la vuelta a casa por el Viaducto viejo y ese Paseo del Óvalo con su Escalinata de los amantes a la izquierda, sin olvidar la Torre de San Salvador más a la derecha, me hicieron meterme con total facilidad en la piel del protagonista de esta historia que trato humildemente de venderos.

Soy un soñador y jamás voy a dejar de serlo. Amo lo que tengo y lo que no, trato de alcanzarlo a través de las horas de vigilia con la única razón de haceros felices durante unas horas o al menos divertiros un poco. Esta vida ya es bastante triste y aunque mis novelas son bastante impactantes, solo lanzan un pequeño mensaje oculto, que más de uno que me conoce habrá averiguado por si solo: nunca hay que dejar de luchar por lo que único cree con el corazón.

                                                              

Gracias al pintoresco Torico que veis en la imagen a mi espalda, no solo bebí de su fuente, pues fue la inspiración ideal después de miles de horas de lectura para enlazar esta ciudad encantada con mi tierra natal. Cádiz y Teruel, Teruel y Cádiz, unidas sin remedio por la fuerza de una imagen que marcará para siempre a «Q». Ese personaje central de un diario en el que lo único que quiere es mostrar al mundo la verdad de su vida, sus miedos y todo lo que esconde un ser humano cuando esta solo entre sus pensamientos. Sin dejar de lado el amor, esa fuerza motriz que navega por el mundo dando luz a cada corazón que lo puebla. Como la historia de Isabel y Juan, como la historia de «Q» y Naya, como tú historia, como la de todos. Porque como una vez leí: La felicidad solo se puede alcanzar cuando conoces, sientes y vives el amor.

                                                                                 

Pero no os confundáis, «Los pasos del fin» no es una novela de amor. El misterio, la intriga, los giros argumentales y el miedo son la base de esta fulgurante historia que os sacará de quicio y que desearéis leer vorazmente hasta que descubráis el final. Para ello, lugares como el Antiguo Asilo de San José o una simple tienda de fotografías os llevarán por el camino de la amargura, para así intentar recomponer un rompecabezas lleno de enigmas sin sentido y sin razón alguna.

                    

En resumen solo os puedo decir que si tenéis la oportunidad de ir a Teruel, no dudéis. El mausoleo de los amantes, las vistas desde la torre de San Salvador, su bonita catedral, el viaducto viejo, el acueducto, el torico y el sin fin de rincones donde disfrutar de una buena comida aragonesa, hacen de este lugar una visita obligada.

                                                                            

Y finalmente, os diré que este viaje no solo me ha servido para afianzar mi trabajo, si no para coger fuerza para lo que viene por delante, que espero que sea mucho. Os debo confesar que últimamente estoy muy estancado e incluso he pensado en tirar la toalla, pero después de las muestras de cariño y la confianza que me habéis mostrado os debo mucho. El siguiente paso será una presentación en mi tierra como ya todos sabéis y paso a paso el fin no llegará nunca.

Gracias de todo corazón. Espero no defraudaros con este sueño.

Óscar Lamela Méndez

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