RESEÑA DE EL CÍRCULO DE LOS DÍAS DE KEN FOLLET
Nunca es tarde si la dicha es buena, ¿no? Al menos eso es lo que dicen. Y creo que, después de varios años de bloqueo mental y emocional en la escritura, este puede ser el mejor ejercicio para reencontrarme con ciertas amigas que me esquivan desde tiempos inmemoriales.
Lo siento, pido disculpas. Tenía que encontrar un modo factible de engañar a mi mente para regresar por estos lares en este año par y pedir perdón por un 2025 en blanco en cuanto a reseñas escritas. Pero creo sinceramente que esta es la mejor manera de volver con uno de mis escritores favoritos y que muy pronto me tendréis verborreando, como buen indeciso, en el podcast de Nigromantes Literarios, de mis queridos Naviru Shorno y Saray Ramírez.
Sí, ya sabéis que hablo del autor galés Ken Follett. El creador de Kingsbridge y de infinidad de títulos más nos lleva, en esta ocasión, a uno de los momentos más trascendentes y misteriosos para los ingleses: Stonehenge, con su última novela, El círculo de los días.

Muchos lo han acusado —entre comillas— de utilizar la vieja fórmula de la Coca-Cola que lo llevó a convertirse en uno de los autores superventas más famosos de la historia con Los pilares de la Tierra… y yo debo decir que estoy parcialmente de acuerdo, ya que es inevitable advertir cómo esta nueva aventura histórica gira en torno a la construcción de este monumento megalítico de la Edad de Bronce, en el condado de Wiltshire. Y digo “en parte” porque la construcción del mismo no comienza a desarrollarse en la novela hasta que llevas, más o menos, tres cuartas partes de la obra leídas, como bien defiendo aquí en mi reseña audiovisual para mi canal de YouTube:
Aquí, Follett nos presenta a los diferentes gremios que rodean un monumento hecho, en un principio, de madera. La historia arranca con el que parece un protagonista claro: Seft, un minero de sílex que, junto a su odiado padre y a sus no menos detestables hermanos, trata de subsistir, aunque él desee desesperadamente huir de allí, sobre todo después de conocer a Neen, una joven ganadera de la que se enamora perdidamente y que es hermana de quien, para mí, es la otra coprotagonista de esta historia: Joia. Una chica diferente, que no se deja amedrentar por las tradiciones y que quiere algo más en la vida.

Ella, que termina convirtiéndose en una sacerdotisa visionaria, será la piedra angular y principal impulsora de la construcción del futuro monumento de piedra junto a su cuñado Seft. Pero ya se sabe que en los libros de Follett nada es de color de rosa y siempre tiene que haber el típico villano odioso al que deseas todo lo malo. Aunque, precisamente, esta sea la parte que más flojea en la novela, para mi sorpresa. He necesitado más sangre o planes más maléficos para intensificar ese odio exacerbado hacia los antagonistas.

El principal es Troon, líder del gremio de los agricultores: ambicioso, misógino, terco y despiadado. Una “linda” persona que tratará, por todos los medios, no solo de desbaratar los sueños de Joia y Seft, sino también de hacerse con el control de toda la llanura y gobernar con mano de hierro.
Neen y Joia tienen un hermano llamado Han, cuyo amor por una joven agricultora llamada Pia será el detonante del conflicto entre ambos gremios. La expansión de las tierras de Troon, devorando terreno de los pastos de los ganaderos, y su ferviente lucha contra las sacerdotisas —otro de los gremios importantes en este libro—, que sean mujeres las líderes espirituales de esta congregación me ha parecido un detalle muy curioso, constituyen la base bélica de una trama con mucho ritmo, a pesar de rozar las 800 páginas.
No podemos olvidar al último gremio social, importantísimo para el devenir de nuestros protagonistas: los habitantes del bosque. Viven fuera de la ley y de las costumbres de los otros gremios, en total comunión con la naturaleza y libres de los designios marcados por las otras “tribus”. Sin embargo, el hambre y la escasez de recursos los empujan a pedir ayuda a los ganaderos, lo que abre otra subtrama muy interesante y necesaria para elevar aún más la acción de esta novela histórica.

Todas estas tensiones entre las diversas comunidades que nos plantea el autor galés no son más que un reflejo de la sociedad en la que actualmente vivimos y de la tristeza que, en ciertos momentos, te embarga al comprobar que el ser humano está condenado, desgraciadamente, a repetir los mismos hábitos siglo tras siglo. Guerras y ambición: nada nuevo en el paraíso.
Por supuesto, suceden muchísimas cosas más, pero es preferible que las descubráis por vosotros mismos y saquéis vuestras propias conclusiones. Yo solo os diré que no es de las mejores novelas del autor; sin embargo, sigue manteniendo esa facilidad y agilidad para pegarte al asiento, leer sin parar y hacerte sentir parte de los gremios de esta llanura que levantaron este monumento.
Para cerrar esta reseña, no podía irme sin comentar la construcción y, sobre todo, el transporte de estos enormes monolitos por parte de estas comunidades.


El simple hecho de cómo Follett nos muestra el mecanismo que utilizaban —tan rudimentario y sin ruedas— me parece una auténtica locura. Y esto no es una invención del autor, porque si algo hay que destacar, como siempre, es la capacidad de documentación y el rigor que derrocha en sus novelas.
En definitiva, a mí, en términos generales, me ha gustado mucho esta nueva propuesta de un autor al que tanto admiro y cuyas historias seguiré leyendo. Os la recomiendo sin duda.
Mi puntuación es un 8 sobre 10.

Mi puntuación es de 8 sobre 10.




